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Pero, además, hay multitud de alumnos con altas dificultades. Pensemos, por ejemplo, en que el 15 % de la población escolar tiene algún grado de dislexia, muchos otros padecen afasias o dislalias procedentes de algún tipo de daño cerebral mínimo, etc, con lo que obtendremos un índice considerable de niños con dificultades de aprendizaje basadas en un retraso en la adquisición de la lengua materna, más aún si añadimos los innumerables casos de retraso madurativo. Si a esos alumnos les introducimos en un proceso basado en la inmersión, las predicciones de fracaso dejan de serlo para convertirse en constataciones palmarias. No es el objeto de este texto recorrer lo descrito por las diferentes escuelas respecto a cómo se realiza el aprendizaje y los procesos que conlleva, pero, quizás debemos recoger lo expuesto por la orientación pedagógica en la que se basa el actual ordenamiento legal de la educación en España que es la teoría educativa desarrollada por Ausubel. Ausubel centra su teoría en el aprendizaje significativo que se fundamenta en la estructura cognitiva por la que los humanos somos capaces de integrar los conocimientos en una red mental que tiene como elemento de partida la fijación de los mismos en la memoria gracias a sus componentes lógicos o lo que es lo mismo en la significativilidad, ligada a su vez al lenguaje. Para Ausubel ningún aprendizaje nuevo es integrable si no tiene sentido para el que lo aprehende, pues no se puede engarzar en los conocimientos ya integrados para ir cerrando la malla cognitiva. Desde este planteamiento la duda metódica es la siguiente: ¿cómo puede ser integrable en una estructura del conocimiento un concepto complejo si no se domina ni controla bien un código de comunicación y de representación mental que no sea la lengua materna, y por tanto la lengua principal de aprendizaje.
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